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lunes, 6 de mayo de 2013
viernes, 26 de octubre de 2012
viernes, 27 de enero de 2012
miércoles, 20 de octubre de 2010
CARICATURAS DE FELLINI
"Non voglio dimostrare niente, soltanto voglio mostrare..."
Durante mi último viaje a Bolonia, sentí las sensaciones de nostalgias tan propias del carácter italiano. Recorrí con Esther todos los rincones que frecuentaba durante mi estancia en esta ciudad. Me sentí como Fellini durante el rodaje de Amarcord, repleta de recuerdos atávicos, una indolencia entre el realismo mágico y la cruda realidad del país trasalpino. Me sentí como Fellini, donde en cada rincón se reflejaba la sonrisa perenne de mi Gelsomina, y yo una especie de Zampagnó con muecas de Anthony Quinn. Un delirio por las stradas de mis cafeterías, trattorias, mis ricones. Una búsqueda de identidad creativa al más puro estilo Guido Anselmo. Campari soda en mis manos hago guiños a lo Mastroianni, traje negro y gafas anti Paparazzo, ese personaje de la Dolce vita que tanto daño sigue haciendo todavía. De la osteria dell 15 al bar de Maurizio, y así hasta sentirnos como “Vitelloni”, ¡Si Sordi leyese esto! Pocos días para recordar el olor de la focaccia, las borracheras de los viernes tardes, las noches de grappa y bucatini alla amatriciana del Aroma di Roma, un rincón con la esencia de la capital italiana, la misma que nos mostró Fellini en el Satyricon, y en Roma, y me disculpen la señora Francesca y el señor Michelle, pero el vino del lazio es bastante mediocre, me quedo con su ternura de padres adoptados. De momento y a la espera de recupar las 8 y media de nuestros antiguos relojes, sólo los clowns continúan rodando por las calles boloñesas, sin salsa de ragú, sólo con las caricaturas de sus sueños, las mismas que dibujaba el director italiano a modo de storyboard antes de cada película. Y de fondo el soniquete de Nino Rota…
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