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lunes, 14 de mayo de 2012

FANTASISTA


http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/opinion/fantasista-del-futbol_656401.html

Buenos días señoras y señores, amables oyentes, pacientes todos, les habla como siempre su amigo Cachimoco Farfán, el más rápido relator deportivo de Coya Sur, el más rápido relator de la pampa salitrera, fenilanina, hidrolasa y la purga que me parió. Así relata Hernán Rivera Letelier, en su novela, el Fantasista, los previos radiofónicos de un partido sin más trascendencia, entre dos equipos formado por mineros, por personajes deshumanizados y llenos de desaliento séptico, donde su único quitapenas consiste en ver como juega un medio chepado y herniado virtuoso del balón en el medio de la nada. Digamos que esto debería ser el fin único de este ciclópeo deporte. Es decir, esto del fútbol, el juego de once contra once, todos de corto, dentro de un rectángulo pintado en hierba y con un balón de cuero por medio, debería y de manera intangible, proporcionar sensaciones macrocósmicas del tamaño del bulto del fantasista. Son muchos y variados los estilos, demasiadas y cada vez más esquizofrénicas las estrategias a aplicar, muchas las franjas horarias que delimitan los flashes de los reporteros gráficos. Vamos por partes. Están los cancheros del sur americano, los que dejan crecer la hierba para hacer de la pelota un ritmo cansino de telenovela, los que rompen tibias en parterres napolitanos, los que sólo conciben el balón de color naranja en competiciones polares, los que pagan por jugar, los que juegan cobrando, los que utilizan una bola de aluminio para emular a sus ídolos en patios de colegio, los que ni tienen la dichosa pelota y simulan que dan mil toques sin caerla, los que coleccionan fueras-de-serie como si fueran figuras de Giacometti en medio del desierto, los que nos narran con excelencia periodística autobiografías cargadas de sueños con esencia de Vadinia, los que se desgañitan desde las gradas, los que utilizan este deporte como desahogo a sus frustraciones y exigen las equipaciones como mafiosos de medio pelo, los que simplemente cantan, tararean y animan hasta quedarse you´ll never walk alone, los que nos trasportan a épocas doradas con fotos en blanco y negro, con instantáneas que llevan devolviéndonos el cuero más de treinta años en bares emblemáticos como el Deportivo del Jamón del entrañable Manuel, los botarates que asumen el papel de dictador en ligas profesionales de furgol, los que lloran la pérdida de los suyos por las malditas vayas de cualquier Heysel de este planeta, los que ya no se apearán en los andenes de trenes quemados con destino la segunda división italiana, los que piden penas máximas con cerebros mínimos a los referís, los árbitros, los del silbato, linieres y madres de los mismos, los que hacen de los equipos de fútbol empresas con cara de Fórum Filatélico, 2020 Odisea en el fútbol la llaman, los que meten goles en las puertas de garajes, los que meten goles chupándose el dedo, besándose el escudo, quitándose la elástica, dejándose sus últimos suspiros en el terreno de juego, los que nos transmiten sensaciones que cada uno digiere de manera particular, momentos, que tamizados, macerados y secados al sol provocan la risa o la náusea. Todos tenemos historias, pequeñas leyendas engrandecidas bajo los efectos del linimento, grandes secretos relatados en word, en times new roman y cursiva que destilan elegancia y sueños de otras culturas como las de Enric González, los que sin embargo y por decreto ley, imponen impuestos revolucionarios para, como de manera altruista hacía Cachimoco Farfán en Coya Sur, puedan ejercer su derecho de expresión, su libertad de prensa, antes de entrar en los estadios. “Cómo este cabrito caminó hasta la pelota con la misma pachorra con que camina por la calle Balmaceda y le dio con el borde interno de su pie derecho, le dio con tal efecto, que mandó al Adivino a comprar Mentholato al palo derecho y la pelota se incrustó justo por el ángulo vertical izquierdo, justo allí donde no hay teléfono, allí donde penan las ánimas, allí donde hoy no se fía, mañana sí, por allí entró y se convirtió en un gol electroencefalogramático…”
En definitiva, y de esto sé algo, disfruten jugando, viendo y animando, con esto que algunos llaman fútbol, por lo contrario, siempre estarán en fuera de juego.
Willy López


martes, 6 de diciembre de 2011

ADIOS DOCTOR

Cuando te tiras las veinticuatro ho-ri-tas del día con un balón de fútbol a cuestas jamás te imaginas que vayas abandonarlo por otro más grande. Uno de baloncesto, de esos que huelen a cuero negro y mucho más manoseado en una cancha. La de mi colegio. Jamás abandoné ese deporte, y me refiero al fútbol, toda una pasión de enano y toda una nostalgia de ella, la pasión, que ahora un pelín más grande, me la hago olvidar a base de morfina de fútbol cuatrero entre amigos. Por entonces tengo varios personajes, de los que intento emular, al menos sus poses, sus gestos y sus tics dentro del campo. Roberto Baggio, Paolo Maldini, Van Basten y las fotos de infinidad de jugadores que jamás vi jugar, el Maradona preyonki, Enzo Francescoli o Sócrates, el jugador de la selección de brasileña que me tenía majareta con su loock de barbas y pelo largo, fibroso y largo, 1,92 de clase y un ridículo 38 de pié…un tipo, que según mi padre, hacía maravillas con el balón y sin él...utiliza la cabeza como Sócrates, que además es médico...me repetía muchas veces...ciao Doctor  

lunes, 14 de junio de 2010

Pelotas de fútbol en cueros


La cosa va de pelotas, de cueritos rellenados de vejiga con forma de jirones de papel y cubierta de papel de aluminio. La cosa está en ver si la pelotita toca las mallas de la portería, que es en definitiva el fin único del fútbol. La cosa es ver como el portero, cancerbero, arquero, 10 +1, el que no sabe jugar, el que llega el último a la pachanga, al que le falta un tornillo del grupo o el guardameta coge el balón desde más allá de la línea blanca de gol, dentro del confín del silbido irritante del arbitro que indica el centro del campo de juego. Y es que para que los virtuosos de este deporte hagan maravillas no se necesitan estadios de césped recién cortado, ni gradas de nácar, ni botas de de poliuretano para practicar el balompié. Y como bien narra la novela de Hernán Rivera Letelier, su fantasista jugaba con botines dos números más pequeños, en campos salineros de Chile y media hernia fuera, y desengaños amorosos a parte, conseguía levantar media afición del equipo rival en su contra.

Ahora el balón dicen se parece más a una bola de nivea que a un balón de fútbol. Y es que creo que ciertos jugadores de relumbrón internacional necesitan una dosis de cura posparto, y es que creo que razón nos les falta, y es que quiero que echen un vistazo a la nostalgia del fútbol y rescaten los momentos más bellos de este deporte. Aparecen balones en blanco y negro, con franjas de cuero marrón, con cascos negros poligonales, con nombres Aztecas, con perfiles Etruscos, con soniquetes de Tango, jabulanis, perfectamente impermeables, termosoldados e infinidad de nuevas tecnologías aplicadas a una cosa redonda, rellenada de aire, que en todos los rincones del planetas del mundo tienen el mismo nombre, el mismo valor una vez que pasa los dos palos y un travesaño.