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lunes, 24 de septiembre de 2012

SARAJEVO. BALONCESTO. GERVASIO SÁNCHEZ


Baloncesto, Sarajevo. Gervasio Sánchez

Quizá esta foto de Gervasio Sánchez pase desapercibida. Chavales de Sarajevo jugando al baloncesto. Hasta ahí todo normal. Chicos de cualquier barrio del mundo intentado pasar el rato con un balón. Hasta aquí, todo bien. Hijos crecidos en plena guerra que intentan superponer el ruido de los morteros con el del bote de la pelota. El contexto de la instantánea cambia. El mapa político cambia, los Balcanes intercambian rezos y razas a base de balazos. La acción de estos cinco chicos cambia. En plena guerra. En pleno Sarajevo. “Una ciudad multirracial donde la cultura y la educación eran el pan de cada día” comenta el jugador de baloncesto Samir Avdic (Extraído del libro El ritmo de la cancha de Jacobo Rivero). Una ciudad de las que escaparon, del cerco de los francotiradores, catorce jugadores profesionales para jugar en el campeonato europeo en Alemania. Para Yugoslavia ( Bosnia y Herzegovina, Croacia, Serbia, Montenegro, Macedonia y Eslovenia), el baloncesto es el primer deporte, la única manera de escapar con inteligencia de los macabros designios de dictadores y fundamentalistas. Un estigma con nombres y proezas. Toni Kukoc, Drazen Petrovic, Sasha Djordjevic, Dino Radja, Divac, Pedrag Djordjevic, Pesarovic, Bodiroga, Bozidar Maljkovic, Zeljko Obradovic, Svetislav Pesic, Dusko Ivanovic, Petar Skansi, Neven Spahija…personas que hicieron de este deporte una forma de vida, a pesar de la dureza a la que fueron sometidos.
Sueños robados de un ADN muy particular. Una foto que pasa desapercibida y que me hizo encoger el alma, que me hizo un nudo en el estomago, una foto, a la que sólo las dulces acaricias de Ángela, me dieron tregua para seguir "jugando" la prorroga fotográfica.

Exposición fotográfica de Gervasio Sánchez. MEIAC, Badajoz (Hasta el 11 de noviembre). 148 fotografías, cerca de 100 retratos y 6 audiovisuales, un extenso recorrido por la dilatada trayectoria foto-periodística de Gervasio Sánchez (Premio Nacional de Fotografía 2009), que se inicia en Centroamérica en 1984 y se extiende, de manera ininterrumpida, hasta hoy.  

miércoles, 23 de marzo de 2011

LOS JESÚS DE GARROVILLAS DE ALCONÉTAR


Barcelona, Bremen, Burdeos, Buenos Aires y así hasta sacar las perras necesarias para dar de comer a la familia...
Manos curtidas, muescas en los rostros que reflejan olvido y fonda. Gestos entrañables que nos recuerdan, que de esto, no hace tanto tiempo... “los dos Jesús” mes chivan que han vivido con un petate y un billete sólo de ida…

martes, 21 de diciembre de 2010

HOMICIDIO EN LA TERRAZA LAVADERO


                                                                                Foto. Willycorleonephoto
Por cada prenda de ropa tendida; una pinza menos, si se trata de una pieza de enjundias dimensiones; los pingües beneficios de la señora de la azotea ascienden a cotas inimaginables. Por cada colada de ropa blanca, una camisa de color, resultado; una colada con piña, en su jugo, insta para ser tendida y abofeteada por el viento. El blanco se convierte en zaino y el sol hace el resto. Rebobinamos y reaparecemos en el lugar del crimen, pinzas de tender la ropa con forma de gángster acribillado a balazos, y desde las alturas, desde el hueco que deja el ventanal, el detective cigarrillo en boca y plumero en ristre, asume su gesto inerme y actitud chulesca. Desafiantes miradas se entrecruzan en el patio interior de los condominios. Los cordeles de los tendederos ríen a sottovoce, emulando cintas de verbenas atiborradas de banderitas de países, y perdidas en las últimas plantas, otean chotacabras y flores de edelweiss. Y agonizando entre miles de calcetines de miles de rayas de miles de colores la gordita de brazos rellenos y cuello embuchado sonríe, pequeña cómplice de homicidios, una chivata y su cretinismo y los calcetines valsean al compás de sus eternos bucles rubios. Allá, en aquellos picos, las figuras se desdibujan por el mal de altura, banderolas tibetanas que compiten con la colada-reina, con dos rieles de ropa interior, camisetas y calcetines blancos y el patito feo, la camisa de color que tiñe la orografía del tendero. Con mirada pérfida la señora de enfrente balbucea algo, habla con gestos de náuseas, el asesinato ha alterado la tranquilidad del vecindario. Y mientras, desde la indiscreción de la ventana, las pinzas toman posesión del patio, la azotea rebosa pinzas, de colores, de todos los colores, pinzas color fluorescente, de madera, pinzas sin muelles, pinzas despinzadas, generalmente las de madera, otras raídas y cortantes como sílex, las menos en porte decoroso, las más formando una montaña.

Hace calor, de eso estoy seguro, el alféizar de la ventana vulcaniza la visión de la vida exterior, y de paso me quema las yemas de los dedos. La visión borrosa, como el efecto de una carretera del desierto, el sopor de tender la ropa y la niña alimentada con pienso arenga a su tripa para ingerir trozos de algo parecido a embutido.
Un crotoreo proveniente de la despensa agita la multitud de pinzas con contrato de autónoma, unas envuelven bolsas de patatas, una llora días sin dormir por la cafeína apretando bien fuerte el envase metálico de café, también hay una pincita rosa que sujeta la doblez de la cortina, pero la tragedia cobra tintes de comedia griega. Desde el fondo de la vivienda se escucha un timbre, y una puerta que se abre y un grito espeluznante recorre todo el condominio. Las pinzas asumen su sino. Incunables de la terraza lavadero, ha llegado la secadora.

jueves, 9 de julio de 2009

Nuno, vendedor de cebollas y papel de traza

Nuno despista a la clientela echando cuentas de tocomocho. Otro rincón portugués donde el tiempo hace la goma con una hora de retraso.

miércoles, 8 de julio de 2009

Pescando surfers. Pipe & Ondas


En un mercado cualquiera de la costa portuguesa, Ana Rita exhibe sus galones en forma de verdura. En una esquina alentejana se vende cilantro fresco, pescado recién sacado del puerto y el peso del alma ya empieza hacer mella en la balanza.