| Foto. Willycorleonephoto |
Hace calor, de eso estoy seguro, el alféizar de la ventana vulcaniza la visión de la vida exterior, y de paso me quema las yemas de los dedos. La visión borrosa, como el efecto de una carretera del desierto, el sopor de tender la ropa y la niña alimentada con pienso arenga a su tripa para ingerir trozos de algo parecido a embutido.
Un crotoreo proveniente de la despensa agita la multitud de pinzas con contrato de autónoma, unas envuelven bolsas de patatas, una llora días sin dormir por la cafeína apretando bien fuerte el envase metálico de café, también hay una pincita rosa que sujeta la doblez de la cortina, pero la tragedia cobra tintes de comedia griega. Desde el fondo de la vivienda se escucha un timbre, y una puerta que se abre y un grito espeluznante recorre todo el condominio. Las pinzas asumen su sino. Incunables de la terraza lavadero, ha llegado la secadora.